Foto: Código San Luis

La política es el arte de gobernar a través de normas y leyes que garanticen la seguridad pública y la convivencia pacífica conservando el orden y las buenas costumbres, podemos decir también que la política es la manera civilizada de convivir que buscamos los seres humanos para ser mejores personas entre nosotros y con nuestro medio ambiente.

Y para que la política alcance este propósito en cualquier país necesita de partidos políticos, es decir, de asociaciones de personas con una ideología, fines e intereses comunes; organizaciones formales, debidamente establecidas, con estructuras y sistemas reconocidos y aceptados por la sociedad como una alternativa para el ejercicio del poder y gobierno de un país, y en nuestro caso al igual que en América Latina, con claras convicciones democráticas y dentro de la legalidad, caso contrario, no pueden ser considerados partidos políticos, estarían más próximos a ser grupos de interés particulares en el mejor de los escenarios, u organizaciones criminales en el peor de los casos.

La responsabilidad que tienen los partidos políticos verdaderos parte desde la formación de la voluntad política en los ciudadanos, hasta las propuestas de gobierno y gestión pública como alternativas de cambio, innovación y desarrollo del buen gobierno en un país, partidos políticos que además de sus afiliados, debe contar con un importante número de expertos en la ejecución de sus propuestas, profesionales y técnicos con participación activa en las instituciones públicas y políticas como una garantía de experiencia, capacidad y competencias necesarias para la materialización de sus propósitos.

Estas son las mínimas condiciones que deben tener los partidos políticos de hoy, sin embargo, debemos destacar dos requisitos indispensables para su existencia, el primero tiene que ver con la naturaleza misma de cada organización, es decir, debe tener una estructura orgánica, con sus sistemas  formalmente establecidos, con afiliados debidamente registrados, con locales e infraestructura identificados, con rigurosos mecanismos de control y vigilancia interna sobre el cumplimiento de sus fines, y con mecanismos de control y vigilancia interna y externa sobre el manejo de sus cuentas y financiamientos, es decir, con una cultura de transparencia totalmente abierta a la vigilancia ciudadana.

El segundo requisito es la obligación de participar en los procesos electorales, ya sea a nivel local, regional o nacional, con propuestas de planes de gobierno que correspondan a su doctrina e ideología política y con candidatos que realmente representan y están dispuestos a materializar dichas propuestas, no como sucede en el Perú donde los planes de gobierno son un saludo a la bandera, y peor aún, los candidatos no tienen la más mínima idea de las propuestas de gobierno que presentan los partidos que los abanderan.

Otros dos factores relevantes que ayudan a consolidar la institucionalidad de los partidos políticos son: a) el modelo y los mecanismos democráticos de representación interna que tiene cada partido, no es posible que una agrupación política manejada por una cúpula que designa a dedo a sus líderes y candidatos aspire a llegar al poder para gobernar democráticamente, es evidente que, de llegar al poder, ejercerá un autoritarismo que linda con una dictadura, Fuerza Popular es un ejemplo de esto. Y b) son las formas de comunicación que existen dentro de la organización política; el éxito o fracaso de las relaciones humanas depende en gran parte de la comunicación efectiva, incluso afectiva, que existe entre ellos, y este es un principio que debe cumplirse en todo partido político porque necesita de la conciencia colectiva para garantizar su permanencia en el tiempo.

Debemos entender que los partidos políticos son una pieza clave del sistema democrático, por lo tanto, deben ser organizaciones estables, que trascienden en el tiempo por lo que representan, por sus ideales, no por sus líderes actuales, coyunturales, o más populares, los llamados outsiders son exactamente eso, una marca, un reflejo, una ilusión, un producto de mercado que viene en un empaque moderno, atractivo, con un carrusel de promesas, pero una vez que lo compramos por cuatro o cinco años, abrimos la caja y no encontramos nada dentro, un oscuro vacío que en los últimos gobiernos democráticos han cobijado el dinero negro, las preventas, la corrupción, el narcotráfico que no queremos ver, el perverso negocio de la salud que nos enferma el alma; casos como Odebrecht son solo una muestra de la crisis de valores que padecemos en el Perú y en los partidos políticos que tenemos.

En el Perú los líderes de los partidos políticos son el claro reflejo de sus organizaciones, sus historias de vida, sus frases y gestos, sus cuestionamientos, su impopularidad y paupérrima aprobación terminan siendo el sello que distingue a la marca que representan, la intrascendencia de casi todos los políticos de hoy linda entre la incompetencia y la delincuencia, una antítesis de las mínimas cualidades que debe tener cualquier líder político que merecemos, con valores como la ética, honestidad, conciencia, justicia y libertad.

Platón decía que algún día la humanidad llegará a ser dirigida por hombres sabios y educados, Aristóteles describe a una verdadera república como aquella nación que respeta las leyes y se guía por el bien común, y Rousseau decía que el poder es un instrumento que vence las diferencias y hace prevalecer los intereses generales sobre los individuales. Cuanta falta nos hacen nuevos políticos que entiendan estos tres preceptos básicos de la verdadera política, se imaginan, un Perú dirigido por hombres y mujeres inteligentes, un país con ciudadanos respetuosos de la ley y guiados por el bien común, con una verdadera autoridad pública que haga prevalecer el interés general sobre los individuales, es decir, políticos con experiencia en el arte de dirigir el buen vivir de los peruanos. ¿Se imaginan?

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