Foto: Panamericana

Martha tiene 23 años, se levanta temprano para preparar su comida, toma una taza de leche y un pan, prepara rápidamente su lonchera y sale antes de las 7 de la mañana a trabajar. A pesar de tener una carrera técnica de enfermería, ella hace la limpieza en una empresa logística cerca al aeropuerto, gana 850 soles mensuales, el cuarto que alquila le cuesta 350 soles y el resto es para su comida y movilidad.

Javier sale a las 6 de la mañana de su casa, tiene 20 años, vive a una hora del taller de mecánica en San Miguel, ahora tiene mucho trabajo como ayudante, por eso tiene que entrar antes de las ocho y quedarse hasta las 7 de la noche, piensa que algún día tendrá tiempo para estudiar en el SENATI para aprender sobre los nuevos motores, “ahora son más modernos, son electrónicos por eso es necesario estudiar”, dice Javier, aunque no gasta en habitación porque vive con sus padres, los mil soles que gana ayudan a la economía de su humilde hogar.

Susana tiene más tiempo en la mañana, tiene 24 años y una hija de 4 años que debe dejar en la guardería luego de desayunar para irse a trabajar a Plaza San Miguel en una de esas grandes tiendas por departamentos. Entra a las 9:30 de la mañana y sale 12 horas después, también lleva su lonchera porque por la zona el menú es caro. Ella estudió educación pero gana más con las comisiones por las ventas que hace en la tienda, llega a ganar hasta 1500 soles al mes.

Manuel es cobrador de combi, tiene 18 años, recién acabó el colegio, y dice que por ahora debe juntar plata para poder estudiar una carrera técnica. Él quiere ser chef, pero es una carrera cara, por eso trabaja y ahorra lo que pueda, gana 30 soles diarios por su trabajo que empieza con la puesta del sol y acaba cerca de las 10 de la noche.

Estos son algunos ejemplos de jóvenes entre 15 y 29 años en condiciones de trabajar en el Perú, según el Ministerio de trabajo superan los 8,2 millones de personas, de los cuales 3,8 millones sólo trabajan; 1,7 millones solo estudian; 950 mil estudian y trabajan; y 1,7 millones de jóvenes ni estudian ni trabajan.

Además, algunas cifras preocupantes demuestran que de cada 10 jóvenes que trabajan, 8 lo hacen de manera informal; y 6 de cada 10 jóvenes que estudiaron una carrera técnica o profesional no trabajan en lo que estudiaron. Y respecto de los “ninis”, es decir, los que ni trabajan ni estudian, está conformado por dos tercios de mujeres y un tercio de hombres.

Las razones por las que los jóvenes no se insertan adecuadamente al mercado laboral están directamente relacionados con el crecimiento económico del país, pero también con la inadecuada formación técnica y profesional que se les ofrece en muchas de las 145 universidades peruanas y más de 800 institutos técnicos a nivel nacional. Es decir, la mala o deficitaria educación básica y superior es una de las principales causas de que nuestros jóvenes no puedan contar con empleos adecuados, formales y bien remunerados.

Si la comisión de educación del Congreso, y luego la comisión permanente aprobó por unanimidad el dictamen de la congresista Rosa Bartra que ella misma denomina como un “proyecto de modalidad formativa que no es trabajo, es clase en la cancha”, y donde destaca además que sus 23 años de experiencia como docente de institutos le da la autoridad moral para plantear este proyecto como solución a los problemas de baja calidad educativa para los jóvenes, entonces, es un claro ejemplo del riesgo que se corre de cometer errores tremendos “en la cancha” al momento de tomar decisiones.

No sería mejor que la comisión de Educación convocara a los expertos en educación, en trabajo, a los gremios empresariales, a economistas que pueden analizar técnicamente el sector, y también a los responsables de supervisar, normar y controlar la calidad educativa de los institutos para que, con el conocimiento técnico y especializado, se pueda proponer una verdadera solución al problema de la empleabilidad de los jóvenes en el Perú, en lugar de presentar este tipo de proyectos que más parecen que quisieran quitarles la responsabilidad a los institutos de formar adecuadamente a sus estudiantes, y pasarle la pelota a las empresas a cambio de mano de obra “descalificada y de cero costo laboral”.

Nuevamente el Congreso hace su mejor esfuerzo para demostrar la urgencia de una reforma real al Poder Legislativo, incluso Kenji Fujimori ha reiterado la necesidad de retornar a la bicameralidad. Nuevamente el Congreso toma una decisión que termina exacerbando los ánimos de los peruanos, en este caso de los jóvenes, muchos de los cuales salieron a las calles a protestar, y al parecer seguirán protestando hasta que el Congreso archive el proyecto de Rosa Bartra.

Lo que necesitamos en el país es que la educación de calidad realmente sea una preocupación del Estado, necesitamos que el Estado supervise, vigile, acompañe, exija, reglamente, y cuando sea necesario, que sancione y castigue a los que no cumplen con estándares mínimos de calidad en la formación básica, técnica o superior de nuestros jóvenes, no es entendible cómo pueden existir centros de formación técnica sin talleres ni laboratorios, sin una infraestructura adecuada para entrenar y capacitar a nuestros jóvenes para ser competitivos en un mundo que cada vez requiere más técnicos expertos en el manejo de las nuevas tecnologías.

Cuándo será el día que entendamos que la educación no es un negocio, sino la fuente principal del desarrollo y crecimiento del país. No porque crezca nuestro PBI sino porque nuestros jóvenes serán capaces de construir un Perú mejor, incluso nuestros congresistas serán capaces de legislar para el bien común, ¿cuándo llegará ese día?, ¿cuándo?

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