Foto: El Comercio

Un serio debate parece desatar la propuesta legislativa del congresista Mauricio Mulder de prohibir la publicidad estatal en medios de comunicación privados, restringiéndola solo a medios públicos.

Es tan absurda esta propuesta como continuar haciendo anuncios en los medios privados sin una adecuada regulación por parte de algún organismo independiente.

El primer gran problema es que la definición de publicidad estatal no cala aún en el cerebro burocrático de los funcionarios públicos. Deberíamos hacer una primera gran campaña educativa entre nuestros burócratas para que entiendan que la publicidad estatal es aquella que oriente y educa al ciudadano en el bueno uso de la plataforma de servicios públicos que tiene a su disposición, así como en el conocimiento adecuado de políticas públicas y programas sociales.

Todo lo demás se llama propaganda política, en especial cuando los anuncios muestran como logro de Estado una función que deben cumplir por Ley, y por la cual nosotros pagamos los sueldos de estos burócratas con nuestros impuestos.

El segundo gran problema es quién la regula. Sabemos que en épocas electorales sí se consigue regular los mensajes de los avisos publicitarios cuando los fiscaliza y aprueba el Jurado Nacional de Elecciones. Pero este trámite es engorroso y detiene la dinámica de comunicación gubernamental. ¿Serán los privados mismos? ¿Será el mismo Estado?

El tercer gran problema son los presupuestos y la planificación de esta publicidad gubernamental. Hoy es tan caótica la programación de anuncios publicitarios en el Gobierno Central, que tenemos cruces de información y duplicidades a diestra y siniestra, además de tratamientos creativos que dejan mucho que desear. Eso sin mencionar que la gran mayoría de pautas publicitarias obvian los estudios de sintonía y lectoría necesarios para sustentar la inversión del Estado en publicidad. ¡Imaginen cómo se invierte entonces la publicidad de los gobiernos regionales y locales! ¿Qué cosas no pasarán en las regiones en nombre de la publicidad estatal?

Sin duda un debate interesante el que abre el congresista Mulder con su draconiana iniciativa. Pero siendo él periodista de formación sabe perfectamente que este tipo de regulaciones requiere meterle mucho más cerebro e inteligencia fina. No basta con prohibir.

 

 

 

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