Foto: Transparencia Perú

Los últimos meses los miembros de la Comisión de Constitución y Reglamento, así como el Pleno del Congreso de la República, nos hemos dedicado en gran parte de nuestro tiempo a preparar, discutir y aprobar los dictámenes respectivos para llevar a cabo la tan mentada reforma política y electoral que nuestra democracia demanda.

Si nos remontamos al inicio de este trabajo, existieron voces que señalaban, entre otras cosas, que la reforma nunca se lograría si no se trabajaba en forma integral y, en consecuencia, estas voces se convirtieron en férreos opositores del trabajo emprendido, acusando la realización de parches, ausencia de voluntad política, interés en mantener el estatus quo, entre otras críticas. A estos críticos se les pone la evidencia: a la fecha se ha publicado cuatro leyes que modifican el marco regulatorio electoral y están en trámite cuatro más. La reforma existe y está en marcha.

El pasado jueves fui invitada a la CADE para presentar, dentro de tres macro temas establecidos previamente por la organización, los pasos próximos que tendrá la reforma, aquellos que como Comisión de Constitución y Reglamento hemos abordado y abordaremos. Cada uno de estos macro temas está compuesto a su vez por diversos ítems que recogen el conjunto de propuestas que existen al interior del Parlamento vinculadas con la reforma electoral. Hoy, se tiene aprobado un nuevo cronograma electoral, también se han corregido las normas vinculadas al financiamiento de partidos políticos, hemos dado un paso importante eliminando movimientos locales para permitir el fortalecimiento de los Partidos Políticos a nivel nacional, así como, hemos prohibido las candidaturas de terroristas y otros delincuentes, entre otras medidas.

Sin embargo, la reforma no se detiene. Viene una segunda etapa que desarrollaremos en lo que resta de la presente legislatura para debatir las reformas constitucionales presentadas por nuestros colegas de cara al Bicentenario de nuestro país. Dentro de las cuales, desde la Presidencia de mi amigo y colega Miki Torres, se identificaron como fundamentales; bicameralidad, renuncia al cargo de Congresista de la República, renovación por tercios o mitades del Congreso de la República, revocación de Alcaldes y Gobernadores, la limitación de los derechos al secreto bancario y reserva tributaria de las personas que decidan ejercer cargos públicos, entre otras iniciativas legislativas que deberán merecer ya no solo el debate sino el consenso para su aprobación, considerando que para ello se requiere de los dos tercios del número legal de Congresistas, es decir 87 votos.

Luego, ya en el periodo 2018-2019, el colega que asuma la Presidencia de la Comisión, abordará temas relativos a la reforma electoral con miras a las elecciones presidenciales del 2021, entre los que se han identificado la eliminación del voto preferencial, la elección de congresistas por distritos uninominales o múltiples, la exigencia de participación de los partidos en los procesos electorales, el reemplazo de adherentes por un determinado número de afiliados para inscribir organizaciones políticas, la exigencia de un porcentaje mínimo de candidatos afiliados a las organizaciones políticas que postulan, entre otros.

En la sesión del jueves pasado en la CADE, pudimos escuchar distintas opiniones y aportes del panel en el que me tocó exponer, expertos de la academia y la sociedad civil, todos con la concurrente voluntad de aportar al país, crear más institucionalidad y fortalecer la democracia. Pero nuevamente, además de estas voluntades, requerimos de un amplio consenso al interior del Congreso de la República para continuar la reforma, consenso que sin duda es complicado teniendo en cuenta las marcadas diferencias que existen al interior de los partidos políticos que hoy se encuentran representados.

El trabajo es y será duro, y el camino largo, especialmente si tenemos en cuenta que solo hemos culminado la primera etapa. Aún nos quedan dos etapas bastante complejas, la primera de reformas constitucionales y la segunda que nos permita tener un Código o Ley Electoral. El reto es grande, pero nuestro compromiso lo es aún más, porque la reforma está en marcha.

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